Diego Ricol: “Perucho”, forjador memorable de la dinastía salada

Para hablar del alma de un grupo victorioso como “Tiburones de la Guaira” es un deber casi patriota recordar a Pedro Padrón Panza, también apodado por generaciones como “Perucho”, quien era un hombre capaz de mover todo un club y llevarlo hasta el título.

Y no fue uno; fueron siete los banderines campeoniles que atraparon con él los Tiburones, sin contar un historial de 21 clasificaciones en un período de 22 torneos. De esas glorias vive hoy gran parte de su fanaticada, luego de que esa excesiva dependencia transitara por sus vacas flacas al menguar la salud de su motor único.

El señor PPP, como también era llamado recurrentemente, no vacilaba en implementar estrategias dignas de los altos gerentes nacionales cuando se trataba de colocar al equipo en lo más estimado del mundo del béisbol siendo muy conocido aquella vez en la que reclutó al famoso, Luis Aparicio.

“Convencido de que los Tiburones debían incluir en su nómina a una gran figura nativa para mover los torniquetes del estadio Universitario, Padrón Panza se empeñó a finales de 1963 en contratar a Luis Aparicio (…) Perucho tomó un avión para Maracaibo y, comenzando la primera semana de diciembre de 1963, la afición litoralense recibió la gran noticia: Aparicio firmó con los Tiburones”, recordaría Javier González, coautor de diferentes libros relacionados a la pelota venezolana

A partir de entonces, la historia del equipo La Guaira cambió radicalmente, se convirtió en una novena ganadora, que en los siguientes cinco años conquistó tres gallardetes. Padrón también logró que su joya más preciada ganara un espacio importante entre los fanáticos que asistían al estadio Universitario, pese a la presencia del Caracas y del Magallanes.

El éxito de Panza en este mundo deportivo lo llevó a reclutar más bateadores «sin ser un scout, a puro ojo», diría por aquellos años un narrador deportivo. Entre los nuevos miembros para entonces se encontraban Ángel Bravo, Juan Francisco Monasterio, Luis Lunar, Enzo Hernández, Luis Mercedes Sánchez, José Herrera, Luis y Argenis Salazar, Gustavo Polidor, Oswaldo Guillén, Carlos «Café» Martínez, Raúl Pérez Tovar, Norman Carrasco, Alfredo Pedrique, Felipe Lira.

Siempre viajaba con frecuencia a los Estados Unidos en procura de sus peloteros importados, aprovechando para estrechar sus relaciones con los directivos de las Grandes Ligas. Eso le permitió contratar jugadores de alto calibre y mantener al equipo en la cúspide de la modernidad.

También se dio el lujo de reforzarse con Al Bumbry, quien ganó el premio al Novato del Año de la Liga Americana en 1973. Luego de ese galardón, este jardinero reforzó en tres ocasiones a los escualos.

A pesar que, Perucho no pasó del segundo grado en la educación primaria, eso jamás lo limitó en sus aspiraciones. Muchos años después llegó a ser dueño de una empresa de transporte con más de 50 gandolas, siendo apenas un ejemplo de que siempre supo liderar y gerenciar al equipo que alguien compró por 1 bolívar y que tuvo como uno de sus fundadores a Vinicio Adames, un músico larense.

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