¡ATENCIÓN! ¿Qué le falta a los Salados?

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La historia de los Tiburones de La Guaira, es una de las más interesantes de los equipos de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional.

Este equipo del litoral posee la experiencia de más de cincuenta años que le costó a José Antonio Casanova el valor monetario de un Bolívar.

 

Una historia que ha hecho de los Tiburones de La Guaira un equipo de primera, una sementera de atletas y dirigentes en el Salón de la Fama de la LVBP, jugadores de la talla de Luis Aparicio.

Con un dirigente como Padrón Panza que innovó el beisbol y ofreció a su equipo las condiciones para pertenecer a unas Grandes Ligas, además con jugadores extranjeros que sabían de la fama de los Salados y estaban interesados en jugar con ellos en la temporada como un Dennis Eckersley.

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Para todos sus miembros es una presunción vestir los colores blanco, rojo y azul, tener un grupo de samba, una mascota como la , un himno y la mejor afición que se multiplica cada vez más independientemente de no ganar un campeonato a más de tres décadas.

Equipo digno de pertenecer a la literatura, que hasta merece que Avalos, sociólogo y ex presidente del Conicit (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas), escriba el libro “Memorias de un feligrés” a narrar su pasión por el equipo.

Relato que intenta despierta la motivación y la esperanza, libro que sensibiliza a los fanáticos a creer que el equipo puede recuperar la gloria de los años de la Guerrilla, que puede renacer como el ave fénix de las cenizas, recuperar ese espíritu apasionado y abnegado por el equipo, lograr los innings de la victoria en las Grandes Ligas y celebrar un título ganado por atletas y dirigentes que se entregan totalmente.

Ser guairista es una forma de vida, es una filosofía, es un amor incondicional. Es sufrir profundamente pero resignadamente con cada derrota y hacer fiesta con cada alegría cuando clasifica.

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